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Pulpa de Café, Valor Agregado y Economía Circular


Desde el inicio de los tiempos, el dolor de cabeza para todos los cafetaleros y cafetaleras ha sido la pulpa de café, comúnmente denominada broza. Y esto es entendible, pues esta es un problema enorme que amenaza la actividad desde dos frentes: el económico y el ambiental.

La pulpa de café compone casi el 50% de la fruta y además posee una serie de compuestos químicos que la hacen particularmente difícil de degradar.  Esto se vuelve un problema mayor grande entre más grande es la escala de procesamiento, ya que la pulpa contiene alrededor de 80% de humedad, así como una cantidad importante de azúcares.  Esta combinación es la receta perfecta para la generación de malos olores, así como para la atracción de moscas u otros insectos que afectan a las comunidades cercanas y al ambiente.

¿Qué es lo que se puede hacer?  Inicialmente, y desde el punto de vista ambiental (no así de negocio), lo mejor que se puede hacer es la generación de abono orgánico para tratar el desecho a una escala mayor.  Para este fin, se debe de dar la degradación de la materia “comestible” (azúcares y demás compuestos simples) a cargo de microorganismos, ya sean presentes o agregados a la broza.  Lo “que quedaría” es la materia orgánica no digerible, que es vital para el suelo, y por ende, para la producción.

Sin embargo, esto no es tan sencillo.  La forma en la que se puede hacer esta degradación de la manera más rápida es mediante un mecanismo que se llama digestión aeróbica.  Básicamente es lo mismo que hacemos los seres humanos cuando realizamos ejercicios aeróbicos: respirar.  Esto traducido al mundo de los microorganismos es oxígeno y se obtiene del aire.  Es decir, se necesita tener a la pulpa bien aireada.

De ahí que muchos productores y beneficiadores hablan del volteo de la pulpa.  Mediante este proceso se facilita que haya oxígeno y que, por ende, la materia se degrade más rápido, lo que permite una menor producción de metano y monóxido de carbono.  Estos dos últimos son gases de efecto invernadero que se producen cuando la broza de café se apila y no se mueve. 

Ahora, dejando los tecnicismos de lado, pensemos cómo se podría hacer esto y los costos que implicaría entre mayor es la escala de beneficiado.  Acá la cosa se complica un poco porque, por un lado, no podemos seguir destruyendo el ambiente de la manera en la que los seres humanos lo hemos venido haciendo en los últimos 200 años, pero por otro, tampoco podemos hacernos de la vista gorda y seguir pensando que este problema se solucionará sin amenazar las finanzas de la actividad cafetalera.  El proceso de generación de abono es caro y no es muy rentable.

Por lo tanto, me voy a atrever a remitir el artículo anterior, donde expuse algunos pensamientos sobre la innovación.  ¿Por qué deliberadamente, en 2016 seguimos pensando que broza es un desecho? 

La pulpa de café, literalmente, es la mitad del fruto de la planta.  Pero lo vemos como un desecho porque le tenemos miedo a aquello que no conocemos y, como sector, nos hemos mostrado totalmente renuentes a hacer algo real al respecto.  Nótese el énfasis en la palabra real (nivel industrial, no experimentos ni publicaciones en revistas científicas)

Acá es donde entra el concepto de la economía circular, el cual está definido como un sistema de aprovechamiento de recursos donde prima la reducción de elementos, minimización de la producción al volumen indispensable y la búsqueda de la reutilización de los elementos que, por sus propiedades, no pueden volver al medio ambiente.

En español, para el caso del sector del café, es utilizar la fruta en su totalidad como parte central del negocio del café.  No solo permitiría la sostenibilidad en el tiempo de la actividad, porque claramente necesitamos de la naturaleza para cultivar café, sino que además es algo que podría generar mejores resultados financieros en el mediano y largo plazo.  Estos últimos son los plazos donde los gerentes de las empresas de café deben de vivir y pensar estratégicamente.  No en el corto.

Pero, como cualquier profesional en administración sabrá, a mayor riesgo, mayor posible rentabilidad y viceversa.  Por eso, antes de incurrir en cualquier nueva tecnología o aprovechamiento de la fruta del café que implique inversión, es necesario realizar estudios serios de factibilidad industrial que incluyan: estudios técnicos y diseño de ingeniería, mercado, financiero, económico, legal, social, administrativo, ambiental, político, y de gestión.  Un proyecto completo con sus indicadores financieros (VAN, TIR, RdI, B/C, etc.), así como su financiamiento (apalancamiento mediante créditos o uso de patrimonio) reducen en gran manera el riesgo inherente en desarrollar una industria nueva.

Pero nótese que esta industria nueva puede tener un impacto bastante alto en la sociedad, así como en la economía local y nacional.  Expongo esto a continuación.

Imagínense que, al ser la fruta del café un producto con altísimo concentrado de antioxidantes, se puede realizar la extracción de estos utilizando alcohol.  Este alcohol se puede producir utilizando los residuos líquidos de la pulpa.  Una vez realizada la extracción, se puede recuperar el alcohol para cualquier otra aplicación (farmacéutica, bebidas, combustible, etc.).  El precio de un concentrado natural de los antioxidantes es de hasta 90 USD por una botella de 1,5 L.  Esto anterior es solamente un ejemplo.

Acá es donde hay que dejar de pensar en el esquema tradicional que se ha manejado en el sector cafetalero: pé por cu (PxQ).  Es decir, los ingresos son el precio de mercado (P) por la cantidad producida (Q).  En nuestra actividad nos hemos enfocado a través de toda la historia en únicamente la cantidad.  Buscamos producir más y más para tener más ingresos y no tenemos fuerza sobre el precio y este último representa la principal amenaza para todo el sector cafetalero nacional.

No obstante, si se realiza un análisis del entorno internacional y de cómo se mueven los mercados, así como de la competencia (esta es sumamente importante), en Costa Rica nunca vamos a poder competir con productores como Brasil y Colombia.  Al menos no en economías de escala (enfocándonos en la cantidad).  La razón: no tenemos suficiente espacio (tierra).

Claro, ¿pero esto implica dejar de comercializar la semilla seca del café? Para nada.  Esto más bien hay que fomentarlo, pero utilizando una estrategia de costos y de eficiencia, donde las utilidades (dinero final que recibimos) son mayores al aprovechar los recursos de mejor manera, especialmente la energía.  Pero para hacer esto, también hay que generar apalancamientos financieros que permitan renovar toda la maquinaria y tecnología, que, en la mayoría de los casos es la misma que hace 30-40 años, así como apostar por la generación de energía en sitio, utilizando los mismos subproductos que la actividad genera: como el mucílago y la pulpa, además de energías renovables.

Por ejemplo, la Universidad de Costa Rica ha realizado investigaciones en diferentes procesos para obtener energía y disminuir el impacto ambiental de la pulpa de café.  Los dos más interesantes son la gasificación (para pequeños productores) y la digestión termofílica de desechos (mayor escala). 

El primero, a cargo del CELEQ, consiste en descomponer los desechos en un gas que se puede combustionar en las mismas calderas/hornos para el secado.  Todavía queda bastante qué hacer, especialmente en el tema de los subproductos que genera, pero de igual manera así se inicia cualquier desarrollo tecnológico y confío que prontamente el equipo del CELEQ lo resolverá de manera satisfactoria y rentable.  Este es un proceso que puede ser más efectivo para los pequeños productores, ya que, el objetivo final es la producción sostenida de electricidad directa.

El segundo, es un proyecto totalmente maduro que se encuentra ya construido y evaluado financieramente en la Estación Experimental Fabio Baudrit.  Este proyecto fue diseñado por el Ing. Alberto Miranda, todo un erudito en el campo del café y del beneficiado.  Consiste en alimentar a un equipo la pulpa “así como viene” (e inclusive mezclarla con el mucílago) para realizar algo parecido al proceso de compost, pero en vez de ser aeróbico, es anaeróbico.  Una forma de entenderlo sencillamente, es comparando los ejercicios aeróbicos (compost) con levantar pesas (anaeróbico).  El primero me permite bajar más rápido de peso (consumir la energía que hay) y el otro me hace generar más músculo y fuerza

La digestión anaeróbica produce otro tipo de gas (diferente a aquel de la gasificación del CELEQ) que se puede también quemar para producir energía térmica o eléctrica.  El truco está en que, para que la unidad donde se alimenta la broza no sea muy grande y se permita una correcta digestión, hay que calentarlo.  Sin embargo, estos señores tuvieron la genial idea de utilizar la energía solar para tal fin.  Es realmente increíble el resultado, ya que, no solo se produce una enorme cantidad de gas, sino que lo que sale el proceso es libre de patógenos e, inclusive, se puede utilizar para tener humedales artificiales donde hay equilibrio ecológico (hasta patos, peces, renacuajos, plantas, etc.).  Es realmente impresionante.

Además, el Ing. Miranda demostró con números la factibilidad financiera en desechos de pollinaza y gallinaza.  Lo que hace falta es demostrar el uso en pulpa.  Sin embargo, por alguna razón, el sector no le ha escuchado ni dado la atención que merece, a pesar que se han realizado esfuerzos para el acercamiento por parte del equipo de la Universidad de Costa Rica.

Entonces llegamos al punto más complejo en el que debemos trabajar todos como sector para poder competir internacionalmente y ser líderes a nivel mundial: articulación política y unión como sector. Sí, en Costa Rica podemos liderar a nivel mundial, solo que nos subestimamos mucho como cultura.

Es hora ya de dejar esa idea del siglo XX en que la experiencia lo es todo y que hay que hacer todo lo posible para mantener el status quo.  Ciertamente es algo muy importante y que hay que incluir en una posible articulación de todo el sector, pero la experiencia lo es todo, especialmente en una economía globalizada que pertenece a la Era de la Información.  Es momento de tecnificar todos los procesos e incorporar a profesionales de diferentes áreas para el diseño de nuevas estrategias que permitan una economía circular y así garantizar la sostenibilidad de la actividad en el tiempo.  Pensar en los próximos 2-5 años es algo que no es rentable, hay que ponernos al día con la velocidad en la que se mueven los mercados mundiales y el entorno internacional, pues es donde vendemos la mayor cantidad de nuestro café y los productos que pudiéramos generan con la pulpa y el mucílago.

Algunos ejemplos son:

Harinas

Concentrados de antioxidantes

Bebidas energéticas naturales

Alcoholes

Energía

Abono orgánico de alta calidad (necesario para buena producción)

Hongos comestibles

Biofertilizantes

Combustibles sólidos

Alimento animal

Y así hay muchas otras opciones.  La ventaja de esto es que permitiría manejar el precio por encima de la cantidad.  Combínese esto con procesos eficientes de beneficiado en el uso de la energía (tanto eléctrica como térmica) y es probable que se tenga una estrategia con la cual se pueda competir en el entorno internacional en el largo plazo, así como acceder a nuevos mercados que tienen un mayor poder adquisitivo y que pueden presentar mejor rentabilidad para el negocio del café.

Además, se obtendría mayor valor agregado y, con el apropiado mercadeo, se podrían vender los productos a un mejor precio ya que muchos mercados a nivel mundial están dispuestos a reconocer a nivel monetario el esfuerzo por manejar la producción sostenible de café y sus agregados.  Sumémosle la ventaja política que se tendría con las comunidades al eliminar olores, moscas y demás, lo cual también tiene un costo asociado.

El gran “pero” se encuentra en cómo se diseña e implementa esto.  Una empresa sola no puede, ya que el costo de estos estudios es muy alto en comparación con la liquidez normal que se maneja en una empresa de café.  Como lo mencioné en el artículo anterior, los costos fijos de investigación y desarrollo aplicados no pueden ser sostenidos por una única empresa, estos deben de distribuirse entre el sector de la misma manera en la que lo hicieron las empresas de tecnologías de información y que permitió el desarrollo de estas a nivel mundial.

Hay que iniciar por crear un plan estratégico a nivel nacional que articule a todo el sector y que permita aportes de cada empresa y productor, quienes serían los beneficiados directos.  En esto, señoras y señores, quien tiene la responsabilidad es el ICAFE el cual todos los productores y productoras subsidiamos.  En esto, no nos han entregado los resultados que necesitamos y es hora ya que así sea. 

Por Ingeniero Edgar Valverde Camacho ©  edgar.velverde@gmail.com